Agreden al árbitro Pascal Kaiser al frente de su casa tras su propuesta de matrimonio a su novio en la Bundesliga
El árbitro alemán Pascal Kaiser se convirtió en noticia internacional a finales de enero tras pedirle matrimonio a su novio Moritz antes del inicio del partido de la Bundesliga entre el FC Köln y el Wolfsburgo, disputado en el RheinEnergieStadion ante cerca de 50.000 personas. El gesto fue recibido con aplausos en el estadio y una rápida viralización en redes sociales, donde fue celebrado como un momento de visibilidad LGBTQ+ en un entorno históricamente hostil como el fútbol profesional.
Días después de esa exposición pública, Kaiser denunció haber recibido amenazas a través de internet en las que se difundía su dirección privada. Según explicó a medios alemanes, alertó a la policía sobre la situación y recibió como respuesta que no existía un riesgo inmediato. Poco después, mientras se encontraba en el jardín de su casa, tres hombres lo atacaron físicamente, provocándole diversas lesiones. El propio árbitro relató que la agresión ocurrió apenas minutos después de su contacto con las autoridades.

En declaraciones posteriores, Kaiser vinculó directamente el ataque con su pedida de matrimonio y la visibilidad que alcanzó el video. “Estoy convencido de que esto ocurrió por mi orientación sexual y por haber mostrado públicamente a quién amo”, afirmó, según recogieron varios medios europeos. Para el árbitro, no se trató de un hecho aislado sino de una consecuencia directa del clima de odio que todavía persiste en el deporte, incluso en países donde los derechos LGBTQ+ están legalmente reconocidos.
El caso generó reacciones de preocupación en el ámbito deportivo y entre organizaciones de derechos humanos, que señalaron que el episodio expone las limitaciones de los discursos inclusivos cuando no van acompañados de políticas efectivas de protección. Mientras la investigación policial continúa sin detenidos confirmados, el ataque reabre el debate sobre la seguridad de las personas LGBTQ+ en el fútbol y sobre el costo personal que aún implica visibilizarse en un espacio donde la violencia y la intolerancia siguen presentes.
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